El azar de las máquinas tragamonedas

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No existe juego más interactivo con los sentidos primitivos del ser humano que aquél en donde el azar interviene como elemento central para ser ganador. No existe juego más perfecto que el que consigue llegar hasta lo más profundo del ser humano como ser primitivo que es.

Dentro de este eje donde el azar es quien decide tenemos unos juegos que se llevan el pódium en cuanto a facilidad de uso y por tanto de satisfacción instantánea.

Estos juegos son los juegos de las máquinas tragaperras. Ningún otro es más sencillo de manejar, nos aborda hasta los instintos más salvajes sobre el triunfo entre el más fuerte de todos. Y de ahí surge todo.

Los Ganchos de las máquinas tragamonedas

Estas máquinas tragaperras ofrecen multitud de ganchos para que estemos atentos a su azar. Empecemos por los sonidos. Las campanas que antiguamente usaban estaban continuamente manteniendo nuestra atención. Además, creaban una rutina en sus intervalos de actuación: el sonido de la palanca, el de los carretes, el del final de rotación, y finalmente el del triunfo. Todos ellos nos erizaban la piel cuando su azar convertía un combinación casi imposible en algo casi realizable. Entonces gritamos por su atracción y volvemos a tirar de la palanca. Sin duda, es algo magnífico. Porque cuando conseguimos que las monedas empiecen a chorrear de la boca de la máquina tragaperras su sonido nos vuelve locos mientras todas ellas rebotan entre sí, tintinean y las campanas de la máquina avisan a todos los de alrededor que ahí hay un triunfador, un ganador que ha resistido los embistes del azar y ha podido superar pacientemente y con el bolsillo ligero todas las combinaciones desesperanzadoras de tal máquina perfecta.

Pero si el sonido es el primer sentido de la percepción que llega a la mente y que consigue movernos hacia la dirección correcta donde se encuentra la máquina tragaperras, la luz, la imagen es la que nos hipnotiza para que no bajemos la guardia delante de todas las variables que ruedan a gran velocidad ante nuestros ojos avizores. Luces en los carretes, luces que nos indican que el azar se está moviendo, está decidiendo qué hacer con nosotros. Estas luces se vuelven en tejedoras del destino cuando en nuestra mente percibimos que el carrete empieza a parar y entonces nos llega la gran noticia. La noticia de que esta máquina tragaperras nos estaba esperando personalmente para regalarnos todo su tesoro siempre que la alimentemos y la tratemos con cariño. El mismo cariño hacia las monedas que expulsa de su interior en el momento que las luces de la victoria acompañan a las campanas y podemos ver que hemos sido los más grandes vencedores contra el salvaje azar.

Las máquinas tragaperras no son solo azar, sonido y luz, son un elemento indispensable de interacción humana entre nuestros sentidos más primitivos con la mal llamada suerte. Porque aquí la suerte no tiene nada que ver, es la mente resistente, fuerte, ágil y preparada la que consigue estar por encima de una maquina perfectamente diseñada para satisfacerte instantáneamente. Esto es simplemente magnífico.

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